La maternidad: soy un antes y un después

De repente estaba en la limpieza de los sábados, miré a mi hijo y dije “tengo que escribir cuanto este pequeño gigante me ha cambiado la vida”. Si eres madre sabrás de que te hablo y aprovecho para felicitarte, pero más que nada para enviarte un abrazo por el fuerte trabajo físico y mental, que sé vives a diario.

Mis posibilidades de ser madre eran tan bajas como lo siguen siendo ahora mismo. Irael es un regalo maravilloso, un verdadero milagro. Recuerdo como ahora cuando me enteré de su presencia en mi ser, una de mis primas me dijo “no te emociones, que en este tiempo se pierden mucho los embarazos”, sentía miedo, pero a la misma vez mucha emoción. La etapa de embarazo fue de lo peor, casi no pude trabajar y este pequeño quería salir de mi cuerpo desde las 26 semanas, siempre tan “instantáneo e insistente”, eso no ha cambiado, ando viendo lo positivo de esa parte de su personalidad.

De todos modos llegó a nuestras vidas a las 35 semanas, a través de una inducción manual, sin razón, sin sentido, pero la falta de conocimiento provoca muchas veces estos desenlaces. Un parto genial, con repercusiones serias más adelante, pero eso es otro tema.

Todo lo que planifiqué para su nacimiento, en unas cuantas horas después de nacer se esfumó como cuando explota una burbuja de esas que hacen los niños con agua y jabón, me preparé para lo perfecto, para lo esperado, para una maternidad de sueño, jajajajaja estuvo bien lejos de serlo, jamás pensé que sería tan duro, tan agotador, y a la misma vez tan inexplicablemente hermoso, un reguero de emociones, una locura. Así como lo leen sentía mi cabeza, aturdida, no veía, no escuchaba, un post parto con fuegos artificiales incluidos, ahora mismo puedo decir que ese periodo debería ser más respetado y comprendido que el mismo embarazo.

¡Pero la vida me estaba preparando! Ahora lo veo claramente. Antes de mi hijo, tomar decisiones era complicado, vivía pensando en trabajar, cobrar para pagar mis deudas, llegar a mi casa y hacer lo que normalmente hacemos. Cuando nace este pequeño ser, de manera inexplicable comencé a ver distinto, mientras más retos vivía con sus problemas de salud, que fueron varios y bien constantes, más resiliente me convertía, pero no lo veía en ese momento. Los hospitales fueron mi casa en muchas ocasiones y los médicos se convirtieron en familia, los visitaba más que a mi mamá. Entonces las “prioridades” tomaron otro camino y que poco comprendido era esto para mi patrono en ese momento, un momento bien difícil, donde entraba y salía de mi trabajo, las caras largas eran la orden del día.

Empecé a ver de otra manera la vida, la educación, las relaciones, el trabajo, los niños, las madres, los padres y la sociedad. Comenzaron los cuestionamientos, las dudas, ¿qué hacemos los adultos por dejar un mejor mundo para nuestros hijos? Así que me di a la tarea de hacer cosas inusuales para ese momento (7 años atrás jajajajajaja), respondiendo a esa pregunta, pero también buscando un balance. Por ejemplo usar pañales de tela, hacerle sus comidas, educarme en estos temas de la crianza, educarlo en casa, usar aceites esenciales, darle sus terapias en casa, me convertí en su terapeuta ocupacional a tiempo completo, entre otras cosas que me disfruté al máximo. Lo interesante es que todo esto me llevó a conocer personas maravillosas, de las cuales aprendí muchísimo y sigo aprendiendo, pero lo mejor es que me llevaron a conocer otras posibilidades.

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Por mi hijo entré en el mundo de la creación de productos naturales para la piel, del cuidado del ambiente y por ende el Bienestar, de aquí nace mi empresa Tersa, esta historia la cuento en el primer artículo de este Blog. Mi hijo me llevó a ser más sensible, más segura, a escuchar los problemas y buscar soluciones. También me ha enseñado que el fracaso es lo más seguro que tengo y que debo verlo como intentos y que estos no son el fin del mundo. Ser madres es un verdadero experimento, todo el tiempo estás en la prueba y el error.

Si Irael, mi hijo no hubiese nacido, estoy segura que no habría logrado nada de esto. Irael cambió mi manera de pensar. Adicional, cuento con el mejor apoyo del mundo, mi esposo, padre de este pequeño, que me impulsa en cada locura. Mi hijo es mi motor, por él hago todos los proyectos que trabajo. Por él y para él quiero dejar un mundo mejor, o al menos dejar un ciudadano justo, que siga luchando por un mejor lugar, que de la manera que él escoja siga impactando vidas.

La maternidad es el proceso más imperfecto y más maravilloso que podemos experimentar. Después de todo criar a veces es amargo y a veces es súper dulce, pero aún así damos gracias por esto, por cada cosa que pasa, con ellas nos descubrimos, crecemos, nos fortalecemos y nos transformamos.

¡Un abrazo para ti mamá! ¡No estás sola!

FELICIDADES y de todo corazón deseo que mañana te permitan dormir unas cuantas horas más 🙂

¡Te leo!

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