Si hace unos años me hubieran dicho que estaría celebrando Acción de Gracias del 2025 en Oregon, visitando Multnomah Falls, con amigos que nos ha regalado el oeste de Estados Unidos, no lo habría creído.
El comienzo de todo
Dani y Lilia son dos mujeres mexicanas que conocí hace unos 4 años en mis clases de inglés. Poco a poco hemos construido una amistad muy bonita, basada en el respeto a lo que somos, las historias que nos unen y ese mutuo sentir de hacer comunidad en donde estamos. Con ellas y sus familias fue que decidimos tener esta primera aventura juntos para continuar dando gracias, mientras seguimos extendiendo nuestras raíces.
El viaje
Salimos de WA hacia Oregon el jueves a eso de las 10:00 de la mañana. Eran 3 horas y media de camino y esta vez Apolo nos acompañaría. La mayor parte de las veces lo dejamos cuidado porque no sabemos si a las personas les agradará compartir espacio con un perro de 75 libras, pero Dani insistió en que lo llevara y así lo hicimos. Fue hermoso para todos tener esta bola de pelos con nosotros. Apolo trae con él amor, la alegría y la calma.
Ya llevábamos una hora y media de camino e hicimos una primera parada en Maytown, uno de los lugares de descanso. Estos rest area por lo general tienen baños, áreas para que los perros corran un ratito, tienen máquinas que venden papitas y fuentes de agua. Aprovechamos para estirarnos, sacar a Apolo a hacer pipí, picar algo y continuar. Mientras estábamos aquí Ariel verificó la guagua y se dio cuenta que le hacía falta aceite, así que hicimos otra parada, una más de emergencia.
Buscamos el puesto de gasolina más cercano y compramos el aceite, mientras se bregaba con esto vimos un Starbucks y me fui con Dani y Lilia a comprar café para mí y para Ariel. Era justo y necesario. Habíamos pasado una mañana bien movida preparando todo para el viaje y además nos habíamos acostado tarde la noche antes visitando otros amigos.
Resuelto el tema del aceite, seguimos el viaje hacia nuestro destino: Cascade Locks, Oregon.
El otoño que aún permanece
Oregon en esta temporada aún tiene mucho otoño pasando, los colores aún se conservan, no en su peak, pero se notan bastante más que en WA durante este tiempo. Cruzamos uno de los puentes que conecta Oregon con WA y estos colores de otoño fueron la bienvenida. El clima estaba entre la lucha de las nubes, la lluvia y el sol saliendo en ocasiones.
Una vez entramos a Oregon bordeamos el Columbia River hacia el noreste de Oregon y comenzó «la película» que regala este lugar. Este estado –en mi opinión, es 3 películas en una: Avatar, Pirates of the Caribbean y Twilight. Su mood es todo esto. La neblina, el frío, las cascadas, sus rocas, sus aguas, hacen de Oregon un estado surreal, esta siempre ha sido la palabra con la que le logro describirle.
Nuestra estadía
Finalmente, llegamos a la casa en donde nos estaríamos hospedando por estos días. Quedaba cerca de un pueblito muy curioso en su estilo Oregonian peculiar y el tren se escuchaba pasar todo el tiempo. De camino habían muchas cabañas y curiosas estampas navideñas.
Te dejo el enlace de la casa que utilizamos por si te interesa vivir esta experiencia.
Comenzamos a bajar todo y acomodarnos en la casa. Enseguida preparamos algo de comer para almorzar, estábamos hambrientos después de este largo camino. Una vez comimos, tuvimos ratos de cantar, jugar juegos de mesa y conversar sobre nuestras culturas. Es enriquecedor nutrirse del mundo, aunque esto tiene un precio: estar lejos de los tuyos y darles calidad a través de una llamada, pero a la vez andas construyendo tu historia, tal y como sientes hoy que quieres construirla.
Nota aparte: a Ariel y a mi nos ha tocado dejar a nuestras familias desde muy jóvenes para poder tener otras oportunidades y experiencias de vida. Este ha sido nuestro camino por muchos años, del campo a la ciudad y ahora de la ciudad al mundo. Esta es una realidad puertorriqueña, de los de campo adentro en la isla, que muchos no conocen y que para entenderla hay que vivirla.
Acción de Gracias 2025
Volviendo a esta noche de Acción de Gracias del 2025, comenzamos a calentar todo lo que ya habíamos preparado antes para esta cena especial y a preparar la mesa. Hubo una mezcla preciosa de comida puertorriqueña, comida mexicana y comida norteamericana. Es lo que somos todos, un mejunje.
Yo hice coquito y arroz con gandules para darle a nuestros amigos una entrada a nuestra gastronomía boricua. Y bueno, les adelanto a mis amados boris que leen este blog que a los “cuates” les gustó nuestro invento –ahora un prompt: si eres boricua siente el orgullo en el pecho.
Agradecimos, comimos y conversamos.
Como te dije al principio, si me hubieras dicho que viviría esto hoy, no lo habría creído. En estos casi 5 años estando acá hemos compartido la mesa de Thanksgiving con mexicanos, colombianos, salvadoreños, chilenos, estadounidenses, boricuas, japoneses y algo tengo muy claro: cuando la familia está lejos estos momentos se valoran inmensamente. Que “extraños” te inviten a su mesa, compartan lo que tienen y te hagan sentir que no importa donde estés en el mundo… siempre hay un lugar para ti.
A eso de las once de la noche decidimos irnos a dormir y planificamos levantarnos a las siete de la mañana para prepararnos y salir al próximo destino.

Viernes 28 de noviembre 2025: Multnomah Falls
Nos levantamos, me hice el café, ayudé un poco a preparar todo para salir a visitar Multnomah Falls y hacer uno de los senderos de este lugar.
El día estaba frío, con mucha neblina, aunque no estaba lloviendo. La temperatura era de 42 grados. Confieso que dormí poco esa noche y una de las razones fue que el maravilloso tren que pasaba cerca de la casa a cada cierto tiempo en la madrugada me levantaba cuando tocaba la bocina y la otra razón fue algunos de los ronquidos de Ariel.
Capas sobre capas de ropa para poder lograr disfrutar del día –esto no es negociable en estos climas si quieres pasarla bien. Así nos vestimos todos, desayunamos un yogurt con frutas, nos pusimos nuestras botas y salimos de la casa. Apolo tenía su capita amarilla, más bien para no mojarse tanto y luego apestara a «pollito mojado» –no tuvimos éxito con esto, porque no solo se mojó, se embachó.
La cascada
Llegamos a Multnomah Falls y ya desde la calle se puede ver la impresionante cascada. Esta cascada ya había estado en mi vida en forma de letras cuando leí el libro «La Cabaña», ahí la conocí, conocí su leyenda y también pude ver la película, de paso si aún no la has visto o leído pues te la recomiendo.
Nos estacionamos, nos pusimos nuestros abrigos, capas de lluvia y comenzamos a caminar. El frío se sentía fuerte porque en esta área el agua intensifica el frío y había viento.
Estar aquí es un privilegio que jamás daré por sentado. Agradezco cada momento, cada experiencia, cada memoria construida con mucha voluntad, esfuerzo y trabajo.
Mientras más nos adentrábamos al camino, más se intensificaba el olor a bosque, aumentaban las gotitas de agua cayendo sobre todos, la fuerza de la cascada se sentía cerca creando una nube de agua fría que nos arropaba en medio del puente. Te mantiene alerta, incómoda y sorprendida, todo a la misma vez, es mucho pasando en segundos.
Seguimos subiendo. Esta vez no me sentía tan lista para este sendero, y fue retante, pero lo logramos todos. Llegamos a la cima y vimos el río que crea la cascada y su caída, además de la vista panorámica de Columbia River. Toda esta agua conecta a su vez con este importante río. Estando aquí arriba nos detuvimos, sacamos fotos y videos, comimos, conversamos y en un ratito comenzamos a bajar nuevamente.
Una vez llegamos abajo nos regresamos a la casa porque había hambre y son días donde oscurece temprano. Esta última noche igual cenamos y nos la pasamos cantando y jugando juegos de mesa.




Sábado: regreso a casa
Desayunamos, recogimos y regresamos a casa, listos para una nueva etapa en nuestras vidas, porque los cambios son la orden del día en esta familia y los recibimos con amor.
Estos días, en definitiva, fueron días para siempre.
Gracias por leerme, abracito desde el frío para ti;
Betsy

Deja un comentario