Entre cajas y milagros cotidianos

Cómo un cambio de apartamento se convirtió en un recordatorio de cuidado, comunidad y comienzo.

Un domingo de diciembre, sentada en mi sofá escuchando Frank Sinatra –que se ha vuelto mi acompañante de navidad año tras año–, viendo cajas por donde quiera, mientras a mi lado derecho Apolo duerme en su camita, pienso en todo lo vivido en estos días de mucho movimiento del 201 al 301 y el agradecimiento es absoluto.

Nunca encuentro las palabras adecuadas para conversar sobre lo que vivo, porque cada persona tiene sus propias experiencias, entonces solo escribiré desdes mi lente finito de las cosas, desde mi caminar.

El mundo anda cambiando a un ritmo desconocido, el tema de la vivienda se ha convertido en un negocio lucrativo. Eso de vivir toda una vida en un mismo hogar se ha vuelto un privilegio para las generaciones antes de nosotros, los que heredan esas propiedades, los que tienen mucho dinero y para los que con suerte en nuestra juventud tomamos la arriesgada decisión de comprar una casa vieja –lo que con miedo hicimos Ariel y yo en Puerto Rico en el 2010–, que era para lo que daba nuestro sueldo.

En este presente nos toca cambiar y cambiar antes de tomar otras decisiones y probablemente nos toque seguir moviéndonos hasta que el cuerpo aguante –eso sonó a drama, lo sé.

Eso es un poco de contexto y es que la diversidad cambia todo el panorama, es bella, pero mueve todo de lugar y esto pasa en todos los países del mundo, esto es tema pa’ una conversa completa y yo soy la más ignorante en el mismo, como te dije al principio, solo hablo desde mi experiencia.

Del 201 al 301 ha sido la nueva aventura.

Después de un fin de semana en Oregon nos tocaba la alocada maroma de una mudanza por muchas razones que nadie va a entender a menos que vivas aquí, así que me ahorro esa parte porque si a mi no me hace sentido del todo, mucho menos te hará sentido a ti, significa que no voy a ponerte a pensar en eso ahora.

Lo que sí quiero compartirte son las divinidades que ocurren en estos procesos que son en las que decido enfocarme hoy y que me hacen vivir en gratitud constante porque a veces pienso: “¿cómo es esto posible?”

Hace unas semanas ya andaba verbalizando sobre este movimiento a varias personas cercanas. Les contaba del proceso de ver casas, apartamentos, townhomes, el llenar aplicaciones, el tener que compartir todo de ti para que una persona se interse en tu background como posible inquilino. En este proceso todos se aseguran de tener garantías, menos tú como persona interesada en alquilar, estás en clara desventaja. Este camino es extenuante, invasivo y bastante costoso.

Solo para que tengas una idea de cómo se mueven las cosas en esta parte del mundo: para mudarte mínimo debes tener 3x el total de la renta, el pago de limpieza de alfombras y si tienes mascotas se añade que necesitas pagar depósito para este animal y también pagar un fee de renta mensual. A esto añádele el costo de las compañías de mudanza.

Esto es un poquito de información pa’ que después no digas que no te lo dijeron, aquí yo no estoy pa’ vender cuentos, yo vivo lindo, mucha foto chula, mucha experiencia hermosa, pero se trabaja y se suda lo que queremos vivir, todo lo que hemos logrado ha sido con mucho esfuerzo. Nada nos ha sido regalado. Como diría mi padre: “hay que tener babilla”.

Acercándose el día de la mudanza, recibo varios mensajes:

“Betsy, queremos ayudarles a mudarse, déjanos saber día y hora y allí estaremos.”

Ariel también recibió mensajes de compañeros de trabajo dejándole saber su disposición para ayudar con la mudanza. De repente teníamos un crew de personas dispuestas a apoyarnos no solo en el movimiento físico, si no en el emocional y mental que implica este tipo de cambios.

¿Qué más era posible? Pues siempre Dios nos sorprende.

Desde el jueves comenzamos a colocar cosas en cajas y a organizarnos con un plan de cómo lo haríamos, esta vez sin una compañía de mudanzas (como fue la primera vez que nos mudamos acá). El viernes subimos todo lo que pudimos hasta que mi espalda baja se comenzó a quejar, pero adelantamos bastante.

Llegó el sábado y a las diez y media de la mañana ya habíamos 9 personas en casa. Yo me sentía sobreestimulada con tanto pasando, de repente hasta un poco paralizada.

Todo comenzó a moverse: mientras unos subían cajas y cosas pequeñas otros desmontaban muebles, camas, escritorios. A todo esto Ariel estaba con uno de sus compañeros moviendo las cosas del garaje a otro garaje, porque sí, hasta de garaje tuvimos que cambiar.

Las horas pasaron tan de prisa que de repente veo que ya todo está en el nuevo espacio y cuando miro el reloj eran la una y cuarenta de la tarde. ¡No lo podía creer! En aproximadamente tres horas, entre risas, historias y chistes, ya habíamos completado la parte más difícil.

Luego de tanto pedimos pizza y compartimos un cafecito boricua para dar gracias por la solidaridad, la empatía y el apoyo. Después de todo, la parte más bonita de estos vaivenes siempre son las personas del camino.

¿Qué más puede ser posible? Y es que no se queda aquí.

En la tarde cuando ya todos se habían ido, Ariel y yo nos mirábamos extenuados, sin poder creer aún todo lo que había ocurrido, agradecidos con Dios por tanto. Agradeciendo cada aventura y cada aprendizaje. Cada vez caminamos más claros.

Y de repente entra la llamada de una de las mujeres más sinceramente desprendida que he conocido en esta vida:

“Betsy, nos les pude ayudar porque ando trabajando, pero mañana te envío comida para que no tengas que cocinar y puedas dedicarte a organizar lo que les quede.”

¿Esto es posible? Sí, es posible. Lo cuento y se me aguan los ojitos.

Sentirte acompañado, estando lejos de tu patria, sentirte cuidado sinceramente… es de las cosas que deseo profundamente que cada ser humano en este planeta tenga la oportunidad de experimentar. Esta es de las experiencias de vida más significativas que guardaré en mi corazón por siempre.

El 201 nos recibió en el 2021, ahí me emocioné, planifiqué, viví el miedo, la incertidumbre, la inseguridad. Viví deslealtades, vi como mucho se rompía poco a poco en soledad, viví muchos duelos y me invadió la tristeza por mucho tiempo. Necesité ayuda y la busqué.

Pero simultánemente en el 201 recibí familia, amigos, gente que amo. En este creamos las primeras memorias de una Navidad distinta pero llena de amor. Recibimos nuevos amigos, nacieron nuevas ideas. Comencé a aprender inglés, desarrollé nuevas habilidades. Ahí vi a mi hijo convertirse de niño a adolescente e interesarse por el saxofón y la guitarra, lo ví recibir a sus nuevos amigos mientras lidiaba con un cambio gigante en su vida que solo nosotros vimos suceder. No fue sencillo, pero hoy sé que sin duda lo hizo más resiliente.

Cerramos el capítulo del 201 en absoluto agradecimiento y comenzamos en el 301 en otra etapa de nuestras vidas, en una posición mental y emocional distinta, en el apartamento que sumado da a mi número de vida (4), en el 2025 que es el año 9 que significa “cierres” para entrar al 2026 que es el año 1 que significa “comienzo” y a punto de llegar a mis 40 años de vida. Ya voy sintiendo que todo va cambiando desde adentro, demasiado intuitiva, veo tanto, pero a la vez ando jugando en el tablero donde la vida me ponga.

¿Cómo puede ser posible? Todo es posible cuando estamos listos para verlo y recibirlo.

Si también estás atravesando un cambio, grande o pequeño, deseo que encuentres compañía en el camino y señales que te confirmen que no estás sola(o). Que todo lo que llegue sea para expandirte.

Abrazo apretao pa’ ti;

Betsy

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