Este año 2026, me encontró caminando en Olympic Peninsula

Viaje, familia y la entrada al 2026 y al 4to piso de la vida.

Si la vida fuera una ilustración, no sería una línea recta.

Sería más bien dos líneas en zigzag, con algunas otras que aparecen en medio que conectan ambas. Sucesos buenos y no tan buenos caminan en paralelo y se entrelazan sin aviso para hacer de la historia de vida más interesante…más humana.

El 31 de diciembre del 2025, comencé mi mañana en el urgent care, con un dolor en un brazo –que para qué te cuento–, estuvo heavy.

Esto de ir al médico no era parte del plan, pero Ariel estaba preocupado. Ese mismo día nos iríamos al medio de la nada para despedir el año y celebrar mi cumpleaños, y no quería cargar con la incertidumbre de qué exactamente me estaba ocurriendo. Llegamos cerca de las nueve de la mañana y salimos cerca de la una de la tarde, entre la espera y chequeos. El resultado de la visita fue algo que debo atender más adelante, pero gracias a Dios este no impedía continuar el plan.

Salimos a comer algo y regresamos a casa a prepararnos para salir rumbo a Forks, Washington, un pueblo que queda en la Olympic Peninsula, a cuatro horas de donde vivimos, esto sin contar paradas y momentos de descanso.

Irael y Ariel se encargaron de montar prácticamente todo, mi brazo no estaba cooperando mucho. Al fin, a eso de las tres de la tarde logramos salir.

En el camino abrí Google Maps y no miré el recorrido que escogí. Me sentía ansiosa por lo tarde que habíamos salido porque sabía que la noche caería pronto. Solo escogí la ruta que tenía menos tiempo. De repente, el mapa nos llevaba a Seattle y no entendíamos por qué. Verifiqué otra vez: nos estaba guiando al ferry para llegar a Bainbridge Island y de ahí continuar a Port Angeles.

El estrés aumentó un poco porque en estas temporadas festivas el ferry puede tener demoras, pero me respiré. Tocaba confiar.

Llegamos al puerto. Era la primera vez de Apolo en este tipo de transporte. Compramos el ticket y fuimos los últimos en entrar, lo logramos. Para nuestra sorpresa, este ferry salía a las 3:50 pm pero estaba atrasado, así que abordamos a las 4:03 pm. ¡Si lo hubiese planificado no salía igual!

Nos bajamos un rato y entramos al interior del ferry con Apolo, miramos el mar, estaba bien frío. Seattle se veía bajo una nube de neblina. Nunca había visto la ciudad así.

Veinticinco minutos después ya estábamos de vuelta en la carretera. Cerca de las cinco de la tarde comenzó a caer la noche y aún nos faltaban dos horas y media de camino.

Por suerte, todavía hay muchas luces de navidad puestas y pudimos disfrutar de ellas en la ruta, en especial en áreas donde las tribus nativo americanas tienen negocios. Ellos hacen literalmente bosques mágicos con las luces, con una precisión increíble, cada rama de los árboles tienen luces. No puedo imaginar el trabajo de ponerlas y el de quitarlas.

Llegamos a Forks a eso de las seis de la tarde. Un pueblo de solo 3,680 habitantes. Calles casi vacías, con muy poco pasando… pero con algo en el ambiente que aún no logro descifrar y que curiosamente me gusta, es algo misterioso. Forks es conocido por Twilight. Casi todo lo que ves gira alrededor de esa serie. Se han quedado en ese tiempo y su turismo se sostiene entre esa historia y su riqueza natural que es como de otro planeta, es muy pura, está intacta.

Nuestra casa por este tiempo fue un tiny home. Al entrar al área se ven muchas casitas similares: de madera, pequeñas y altas, con patios que tienen su propio fire pits, mesas de picnic, troncos con hachas y cerca encuentras una caseta que tiene leña a la venta para la comunidad. Es bien normal ver este tipo de casetas pequeñas con leña en esta área. Los leñadores tienen su historia y su producto se encuentra en cada esquina, sin personas que te cobren, tu solo te bajas, un letrero te dice cómo pagar y te llevas la leña.

Te dejo el link aquí de esta casa por si te interesa vivir la experiencia.

Esa noche bajamos todo del carro, nos acomodamos y pusimos música puertorriqueña mientras cocinaba la cena para despedir el año juntos. Fue una noche hermosa, celebrando doble despedida: a las doce de Puerto Rico y a las 12 de Washington. Hicimos peticiones, oraciones, nos abrazamos y esperanzados visualizamos un año 2026 hermoso en juntos, con los nuestros en la distancia, pero siempre cerca.

Luego de esto pa’ la cama todo el mundo, porque al día siguiente el plan continuaba.

Primer día del año 2026

Me desperté con calma en el alma, cero prisa. Me preparé café y me senté frente a la ventana a saborearlo. Agradecí, como siempre, este privilegio que no doy por sentado, siempre lo digo y diré. Preparé desayuno y algo de almuerzo para llevarlo en el bulto, a donde íbamos ese día no había nada de comer cerca y estaríamos caminando bastante, sabía que el hambre apretaría.

Los levanté a todos, desayunamos y salimos a nuestro destino: Rialto Beach Trail y Hole in the Wall.

Apolo no pudo ser parte de estas aventuras y es que muchas de las áreas que están dentro del Olympic National Park no permiten mascotas por su conservación. Lo dejamos en el tiny home, seguro y cuidado; él también tuvo su tiempo de disfrute en el dog park de la comunidad. Corrió todos los días que allí estuvimos.

Cerca de la una y media de la tarde comenzamos la caminata. Mi primer sendero del año, junto a los míos. Un lugar que se siente sacado de una película. Conversando, riendo y vacilando con mi hijo, viéndolo crecer. Dejando en el Océano Pacífico todo lo que ya no debo cargar en este 2026 y en mi entrada triunfal al 4to piso (mis 40 años).

La arena de este lugar es oscura, casi negra. En algunas zonas, tiene grandes piedras, todas con formas diferentes gracias a la erosión. Al horizonte vimos grandes rocas que emergen del mar, recordándome a Cannon Beach en Oregon. Esta costa tiene grandes similitudes sin importar el estado, la diferencia es que esta área no es mainstream y eso hace que estuviera bastante vacía y fue perfecto porque puedes disfrutarla en detalle.

Caminamos toda la orilla. Encontramos restos de peces, ramas, troncos…y águilas calvas. ¡Vimos cinco! Hasta llegar al Hole in the Wall, una abertura gigante en medio de una roca que solo se puede cruzar si la marea te lo permite.

Llegamos cerca, intenté pasar los tides, pero no me sentía confiada, la marea no estaba tan alta, pero estaba a nivel de las rocas y ya estaba cayendo la tarde-noche. Esta costa es salvaje durante todo el año y mi instinto aquí es mi guía, claramente me decía: no llegues allá. Le hice caso, especialmente estando con mi hijo. De todos modos pudimos apreciar el Hole in the Wall desde un lugar seguro (no le pude tomar fotos) y fue suficiente, estar ahí en esa inmensidad tan pura.

De regreso nos sorprendió la lluvia. Se nos mojaron las botas y medias porque tuvimos que cruzar un cuerpo de agua que entraba por la arena hacia el mar. Ahí comencé a sentir el verdadero frío.

La caminata nos tomó unas dos horas en completar. La verdad es que hicimos muchas paradas y disfrutamos cada cosa que veíamos. Llegamos al carro a eso de las 4:30 de la tarde, hambrientos, con el sol despidiéndose. Nos sentamos en el baúl del carro a comer, tomamos agua y regresamos a la casa a descansar.

Esa tarde-noche Ariel e Irael hicieron BBQ para cenar y gozaron esta experiencia juntos. Los vi hablando, compartiendo y a la vez aprendiendo. Valoro estos momentos más que nada en el mundo.

Segundo día del año 2026

No logramos acostarnos a tiempo y tampoco logramos levantarnos temprano. El plan de este día cambió completamente. Decidí fluir.

El ritmo de invierno es distinto, entenderlo, aceptarlo y respetarlo es algo que he ido aprendiendo con el pasar de los años viviendo acá.

Ya que no podría visitar el lugar que tenía en mente para este día por el poco tiempo de luz que tendría disponible, miré el mapa y busqué qué otros lugares tenía cerca y para mi sorpresa Tree of Life era uno de ellos. Fue un elección intuitiva.

A las dos de la tarde salimos a encontrarnos con este fenómeno. Un árbol que ha crecido por cientos de años literalmente en el aire. Poco a poco ha ido colapsando por la erosión del área, pero igual impresiona su resiliencia de seguir vivo ante la poca posibilidad, repartiendo belleza y lecciones de vida.

El acceso no es fácil, las escaleras están destruidas, pero al llegar a la playa quedas arropado por la inmensidad. La arena es suave, clara, completamente diferente a la de Rialto Beach.

Irael encontró un Dólar de Mar completo. Yo encontré varios a mitad. Esto es raro de encontrar, verlos me regaló esa sensación tan linda de que siempre estamos siendo cuidados, de que no hay mejor manera de comenzar un nuevo año que habitando el lugar que hoy nos sostiene.

Aprovechamos para tomarnos algunas fotos en este lugar tan especial, con un mood místico bien peculiar del Pacífico Noroeste, sentir la energía tan linda de estar ahí y de vivirlo junto a los míos.

Igual que el día anterior, regresamos al carro antes de que oscureciera, comimos y nos fuimos de vuelta al la casita.

Tercer día del año 2026

Era hora de volver a casa. Nos levantamos a las nueve de la mañana, organizamos todo y a las 11:11 am cerramos la puerta del tiny home para partir.

Aprovechamos que era temprano para visitar el Forks Chamber of Commerce. El museo estaba cerrado pero afuera estaban los carros de Bella y su papá (Twilight), el que describe el libro y el de la película. También en estas oficinas había todo relacionado a Forks, información, souvenirs, entre otros.

De repente mirando todo el lugar vi la bata de el Dr. Cullen, pregunté si podía sacarle foto y me dijeron que ¡me la podía poner!, no lo dudé y me la puse. Amo revivir recuerdos de esta temporada de mi vida y es que la serie de Twilight fue una historia de amor que marcó mis tiempos y que mejor que vivir esta experiencia llegando a mis 40 años, con otra forma de ver la vida. Esto definitivamente no estaba en bingo card. Dios me sorprende.

Y bueno, aproveché y visité la casa de los Cullen’s, la que describía el libro (no la de la película) y el hospital donde «trabajaba» el Dr. Cullen, aquí todavía conservan el letrero de su estacionamiento.

Nada de esto era parte del plan pero surgió y me lo disfruté al máximo.

Amo que el nuevo año 2026 y mis 40 años de vida se vean así: haciendo lo que me gusta, sintiendo libertad interna, habitándome, dejándome transformar por los lugares… y por quienes caminan conmigo.

Este 2026, junto con mis 40 años, no los recibo queriendo ser diferente, los recibo queriendo habitar mejor la persona que ya soy. Escuchando más, caminando con más conciencia, con más calma y acompañada de los mejores. Dejando que los lugares, las conversaciones y el tiempo sigan haciendo su trabajo silencioso en mi.

Gracias por caminar la vida conmigo;

Betsy Serrano

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