¡Tenemos un Aussie en nuestro hogar!
Por cerca de 7 años vivimos junto a nuestro primer amor perruno, Do, este acompañó a Irael desde su infancia hasta su pre- adolescencia. En el momento que decidimos mudarnos de país, tuvimos que tomar la difícil decisión de dejar a Do al cuidado de nuestros familiares, en un lugar seguro, mientras nosotros nos establecíamos. Hoy vive feliz en el campo, escapándose a correr las gallinas, comiendo comida de abuela, visitando al panadero cercano y es amado por todos. Pero esto ha sido difícil para mi hijo.
Al año de estar acá, más organizados, queríamos traer a Do con nosotros, en definitiva sería un cambio gigantesco para él, de vivir en el campo a vivir en un apartamento pequeño, sin patio las 24 horas, sin el entrenamiento que requiere para convivir en un lugar como este y con un viaje de más de 10 horas dentro de un «kennel» en un avión, entonces sentimos que era demasiado, así que soltamos la idea y aceptamos el permitirle que los años que le queden de vida viva feliz, en su amado lugar.

Un año más tarde, llegó el momento en que mi hijo comenzó a pedir un perro. En el «vamos a pensarlo», «no creo que sea buena idea», «acá tener animales es muy costoso», «tener un perro nos cierra algunas opciones de renta», «eso añade más trabajo para mi», «nos limita en nuestras aventuras», pasaron casi 2 años, pero Irael seguía pidiendo un compañero y en el fondo yo sabía que lo necesitaba. Tener una mascota fue parte de su crecimiento y él extrañaba esa compañía.
Aún reconociendo que hicimos lo mejor para Do, habitaba en mi un sentimiento increíble de culpabilidad al pensar en buscar otro perro, trabajé internamente con esto por mucho tiempo hasta que me di la oportunidad, sin compromiso, de hacer la búsqueda del perro que Irael soñaba tener en esta experiencia de vida y más me negué con todo lo que encontré. El perro que Irael anhelaba era todo lo que yo no quería: un perro tamaño grande, que bota mucho pelo y es extremadamente enérgico. Creo que dentro de mi aún existe algo de fobia a los perros grandes debido a una mordida que me hizo el perro de un vecino cuando yo era adolescente, por otro lado tal vez muestro resistencia a tener animales adentro de la casa por la forma en que me criaron, en donde el límite era claro; el lugar de los animales es afuera, en el patio.
Mientras mi posición durante parte de este año seguía siendo «no» a tener otro perro, tenía las madres de amigos de Irael hablándome al oído dejándome saber que él les estaba hablando de sus deseos de tener un perro, y ellas tan amorosas andaban intercediendo por él, tratando de llevarme a re-evaluar mi postura, lo recuerdo y me conmueve, reconozco que a veces soy una madre bastante terca y rígida en mis posturas, pero también reconozco que soy una persona que llego a la reflexión y decido ver más allá siempre.
Luego de evaluarlo por mucho tiempo accedí a dejar mis preocupaciones a un lado y comencé a ocuparme en educarme en los lugares adecuados, compartirlo con otras personas para conocer sus opiniones, ver videos sobre entrenamiento de perros para vivir en apartamentos, leer artículos sobre esa raza de perro e hice los cálculos de todo lo que necesitaríamos para cuidar de él en este lugar del mundo, entonces comencé a sentirme un poco más segura e informada para dar el paso.
Ahora bien, faltaba la parte más importante, conseguir una persona que los criara con respeto y amor, acorde con la ley de este estado, que fuera confiable, que los perros tuvieran un buen ‘pedigree’, que tuviéramos la oportunidad de conocer a sus padres. Fue entonces en el mes de octubre de este año que me di a la tarea de buscar todo esto, luego de muchos intentos fallidos dimos con este lugar que definitivamente hacía todos los ‘checks’ que queríamos, solo que quedaba a 3 horas de distancia de nuestro hogar, casi llegando a Oregon, pero lo vimos como una aventura más en nuestras vidas. Luego de hacer todos los trámites con la encargada, nos tocaba esperar unas semanas para conocer a los perritos en persona.
Una vez los pequeños cumplieron las 6 semanas de vida, los fuimos a visitar para que Irael escogiera cual de todos se convertiría en parte de nuestra familia. Con este compromiso salimos temprano de nuestro hogar un domingo, cerca del día de acción de gracias, ese día tenía lluvia pronosticada pero casi no nos llovió, además tuvimos la hermosa experiencia de contar 5 arcoiris de ida y vuelta, lo tomé como señales de esperanza y alegría que se sumarían a nuestro hogar.
Llegamos a la casa de la dueña de los perritos a eso de las 10:30 de la mañana, nos recibió con mucho respeto. Los perritos vivían con ella en su casa, junto a su mamá y papá, se veían bien cuidados, libres, alegres y juguetones, en una finca hermosa, con muchos otros perros corriendo y siendo felices, sentí paz. De todos los perritos fue Apolo el que se robó el corazón de Irael, fue una sorpresa para nosotros porque era el más tímido de todos, el que menos contacto hizo, pero confiamos plenamente en la conexión que tuvo Irael con él. Fue una visita rápida, pues hasta que no cumpliera las 8 semanas de nacido no podía irse del lado de su mamá y sus hermanos, así que nos regresamos a casa con el corazón lleno, emocionados y también asustados por lo que vendría.



Se supone que lo buscáramos el 23 de diciembre, luego de nuestro viaje a la isla, pero muchos cambios sucedieron y debido a esto decidimos buscarlo el 9 de diciembre. Volvimos a viajar por 3 horas. Ese día nos acompañó la lluvia por todo el camino, Ariel estaba enfermo y no se sentía bien para guiar, así que me tocó esta encomienda. Fuimos completamente preparados, hice una caja con todo lo necesario para que Apolo se sintiera cómodo en el largo viaje que le esperaba en carro.
Llegamos a la finca a eso de las 11:30 am, una vez estando en el lugar, llenamos los documentos requeridos, nos dieron todas las instrucciones de su cuidado, su papel de vacunas, comida, lo necesario para seguir el ‘potty training’ y entonces llegó el momento, nos entregaron a Apolo y sentimos lo mismo que se siente cuando te dan de alta del hospital luego de haber dado a luz a un hijo, mucha incertidumbre, alegría y miedo, todo a la vez. «¿Ahora qué?», era la pregunta que rondaba en mi cabeza mientras regresábamos a casa.



El «¿ahora qué?» se ha convertido en casi tres semanas despertando de 5 a 6 veces en la noche, limpiando accidentes de caca y pipi, durmiendo muy poco, entrenando al pequeño con los comandos básicos, bailando y corriendo, en visitas al veterinario, con mis manos y pies rasguñados de tanto mordisco, ha habido lágrimas de frustración, distrés y cansancio, se pudiera decir que es un caos mi vida en estos momentos, aunque también debo decir que ha valido la pena. Hace poco me senté a reflexionar y sentí cuanto bien ha traído Apolo a mi vida, pareciera que yo lo necesitaba más que mi hijo. Apolo me ha movido mucho en el último mes de este año 2023, y sé que aún es el comienzo, vamos a ver cómo sigue esta historia. ¡Tenemos un Aussie en nuestro hogar! La vida nos mueve por caminos insospechados y los recibimos con amor.
Me encantaría que algún día pueda conocer a su «hermano de vida» Do… no sé si esto sea posible, pero siempre vale la pena soñar.
Gracias por leerme. Fuerte abrazo.
Betsy 🌬️✨

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