El viernes 11 de octubre del 2024 logré subir la montaña con la elevación ganada más alta que haya caminado hasta hoy.
Son las 9:33 de la noche del domingo 13 de octubre, y aquí estoy, escribiendo en las notas todo lo vivido para entregarte cada palabra tal y como sale en este instante. Procesar esta experiencia que te compartiré me ha tomado tiempo y es que no es para menos, ha sido mucho, tanto a nivel físico, mental, como en mi dimensión espiritual.
Fueron dos días de senderismo, completamente off-grid. Durante el jueves, junto a cuatro puertorriqueñas, dos que ya conocía y otras dos que conocí en este instante, caminé el sendero #18 hasta llegar a Blue Lake. El resumen de este día, te lo cuento en un post en mis redes por si quieres conocerlo. Ahora bien, la vivencia del sendero del viernes, el #19, quiero compartirla aquí primero, contigo, que has decidido acompañarme de cerca en el camino.
Tengo que comenzar por decirte que mucho de lo que espiritualmente vengo trabajando en mi, días antes de esta aventura fue puesto a prueba y es desde aquí donde yo creo fielmente que comienza la alquimia del senderismo. Tanto la preparación, como la compañía, el camino y el después de te van transformando, regresas distinto. Este contenido más profundo lo estoy escribiendo y marinando en un lugar seguro, pero confío en un futuro poderlo compartir contigo porque puede que sea de bendición para tu vida.
“¡Chicas!”, fue la primera palabra que escuché a las 5:00 de la mañana del viernes. Sentí que no podía abrir los ojos, esa noche no pude dormir bien. Me quedé unos minutos en la cama pensando cómo me levantaría a caminar el sendero más fuerte de mi historia hasta hoy —luego de haber hecho un viaje de casi 4 horas, caminar por 3 horas un sendero de casi 6 millas el día anterior— sintiendo un poco de molestia en una de mis rodillas.
Me levanté, saludé a mi amiga, la cuidadora y timekeeper de este día. Busqué mis cosas y me fui directo al baño a cambiarme —sin pensarlo mucho. Cuando salí del baño, ya estaban las otras tres chicas despiertas, cuatro orocoveñas y una juanadina, todas lejos de casa, reunidas en un rincón frío del norte en el estado de Washington. Aproveché para preparar el café para todas mientras se arreglaban. Recogimos todo y a las 6:40 am salimos desde Winthrop, WA hacia al sendero del día: Maple Pass.
Nos tomó 35 minutos llegar al estacionamiento de este sendero. A eso de las 7:15 am ya estábamos allí. La temperatura de 30°F nos recibió. Al bajarnos del carro para colocarnos las mochilas sentía como el frío hacía que mis manos se inmovilizaran, me puse mis guantes y seguí con la preparación. Caminamos hasta el letrero de información, nos tomamos algunas fotos y decidimos cómo haríamos este loop. Comenzamos por el área más difícil al principio para tener el área más llevadera al bajar.
Fue un gran reto físico, pero el trabajo más complicado es domar la mente cuando el cuerpo siente que ya no puede más, ella busca llevarnos a lo cómodo constantemente, nos quiere proteger del esfuerzo y del dolor. Pero, aquí el esfuerzo valía la pena a cada instante, cada vez que subía más, más me sorprendía el paisaje.
Desde arriba pude apreciar tres lagos: Rainy Lake, Lake Ann y Lewis Lake. También pude ver los tan conocidos Larches en su punto máximo de color. Los Larches son los pinos que cambian de verde a amarillo – dorado en otoño y solo se ven en áreas altas del hemisferio norte, en una ventana de tiempo de semana y media durante el mes de octubre específicamente. Las montañas parecían sacadas de una película y los colores del otoño hicieron de este lugar uno surreal, como si caminaras en una película.
Llegamos a la cima a eso de las 11:40 de la mañana, almorzamos y estuvimos un buen rato conversando y contemplando la belleza de esta inmensidad. A lo lejos las montañas se veían con nieve y el frío se sentía mucho más.
Al bajar seguían las sorpresas y las vistas de ensueño, pero te confieso que el cuerpo se fue agotando, mis rodillas comenzaron a quejarse, mi ánimo se fue afectando y el silencio crecía. Una vez más la mente hizo su jugada. Me obligué a mantenerme positiva y optimista, no había de otra, estoy en el medio de la nada en una montaña y nadie vendrá por mi. Mis compañeras de camino me sostenían y animaban. Agradecí por lo que mi cuerpo me permitía hacer y tocaba seguir. ¡Como la vida misma! El senderismo es un retrato vivo de la vida.
Esto fue Maple Pass. Regresamos al carro más o menos a las dos de la tarde, luego de siete horas dentro de la montaña, alrededor de cinco horas y media de movimiento constante. Fueron 7.9 millas de distancia caminadas, con una elevación ganada de 2,221 pies, además añadiendo una mochila con todo lo necesario para sobrevivir que pesaba cerca de 15 a 20 libras.
Te comparto las fotos de esta historia contada.













Hoy son 19 senderos los que he caminado, más de 68.63 millas recorridas y la elevación ganada más alta que he alcanzado hasta hoy ha sido 2,221 pies.
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Te veo en el camino. «Sal afuera y decide ver»
Betsy Serrano✨

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