Celebré «Holi» por primera vez

Lo diferente no me incomodó, me inspiró.

Nunca imaginé que una celebración como Holi me llenaría tanto.

Voy a sincerarme desde el principio: el choque cultural con personas de India ha sido real para mí. En lo cotidiano, en lo laboral, en la forma en que entendemos el tiempo, el espacio y las reglas de convivencia. No ha sido imposible, pero si incómodo.

Pero Holi fue otra cosa.

Había visto fotos antes de esta festividad: personas cubiertas de colores, sonrisas por todos lados y más colores volando en el aire, pero vivirlo fue increíble. Llegué gracias a una invitación de mujeres que se han vuelto familia para mi en este lugar, sin saber mucho más allá de que es un festival donde se lanzan polvos de colores para celebrar la llegada de la primavera. Aún así, desde el primer momento me sentí bienvenida.

Holi es una celebración que honra el triunfo del bien sobre el mal, el cierre del invierno y la renovación y eso fue justo lo que sentí: una energía colectiva de alegría, de soltar lo viejo, de volver a empezar con más vida. Definitivamente de eso se trata la el vivir, no hay más que buscar.

Esta vez lo diferente no me incomodó, me inspiró.

A mi alrededor solo había música, colores, personas que no conocía abrazándose, riendo y bailando. Y ahí estaba yo, sin entender las letras de las canciones (tal vez lo que decían y yo ni idea), pero con el corazón abierto. No sentí vergüenza ni incomodidad, solo una emoción genuina de estar viviendo algo nuevo, algo que me sacaba por completo del día a día.

Y mientras me dejaba llenar de color, también me llenaba de algo más profundo: inspiración. Porque la creatividad no solo nace frente a una libreta, una compu o en medio de una lluvia de ideas. También nace en experiencias como esta, en salir de lo conocido, en dejarte tocar por culturas distintas a la tuya aunque se sienta extraño, en mirar con respeto lo que otra comunidad celebra con tanto amor.

Ese día re-confirmé que cuando construimos desde lo humano, desde lo que sentimos, vivimos y aprendemos en carne propia, nuestros vidas se vuelven más honestas.

Algo hermoso que sentí fue que, aunque nuestras culturas sean distintas como ya compartí al principio, hay mucho que tenemos en común. Como puertorriqueña, sentí esa calidez, esa forma de celebrar con el cuerpo entero, la música como parte de la vida, los colores, la importancia de la comunidad…y pensé: “No somos tan distintos”, solo usamos otro lenguaje para decir lo mismo: la vida se celebra en colectivo.

¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que viviste algo por primera vez?

Te leo.

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