Este junio visitamos Lake Twenty Two, uno de los senderos más visitados en WA, o al menos eso es lo que se dice.
Han ocurrido un montón de cosas en mi vida, tal vez algún día las comparta en este lugar o tal vez nunca. Ustedes no saben la cantidad de escritos que tengo en draft… y es que no sé si son los 40 o qué carajos pero he venido sintiendo hace unos años que hay cosas que mejor conservo para a mi los míos. Creo que es sabiduría y en parte la madurez.
Mientras voy desenredando nudos en la vida, quiero compartir este momento tan mágico. Bueno, es que cada sendero es mágico para mi, por eso repito esta frase una y otra vez siempre que camino uno nuevo.
Este junio visitamos Lake Twenty Two, uno de los senderos más visitados en WA, o al menos eso es lo que se dice.
La planificación para estas aventuras, las madrugás y el camino para llegar a estos lagos son las partes menos glamorosas y menos «instagramables».
Antes de seguir contándote quiero hacer un paréntesis y explicarte algo importante. El hiking en esta área donde vivo implica mucha preparación para tratar de anticipar situaciones: mirar el weather para saber que ropa llevar, tener lo necesario en el bulto (aunque siempre algo faltará), establecer horas de salida, dormir poco, levantarse mientras el resto del mundo duerme, tratar de comer algo a las cuatro de la mañana, salir con frío, guiar dos horas o más la mayor parte del tiempo, sentir calor y frío a la misma vez mientras caminas, quitarte y ponerte el abrigo cada cierto tiempo, decirle a tu cerebro que se calle y rezar para no encontrarte un oso o un cougar.
Pero luego está la otra cara…
Los lugares parecen sacados de película, conversaciones hermosas que solo ocurren cuando vas caminando, la comunidad que se crea con personas que comparten tus intereses, compartir vulnerabilidad y vivir momentos únicos, retar tu cuerpo y tu mente, ver de todo lo que eres capaz. Apreciar cada flor, árbol, animalito, la calma y el viento en medio de la nada, el aire se respira diferente y hasta el sonido del agua se siente distinto. Además de esa única manera que ofrecen estos espacios de conectar con lo más puro.
Traigo esto porque no quiero que pienses erróneamente que todo es fácil y que esto es caminar y ya. No, no lo es, el hiking es hermoso sí pero requiere mucho de ti.
Para llegar a Lake Twenty Two nos levantamos a las 3:30 de la mañana, preparamos algo de comer, hicimos café, salimos a las 5:00 a.m., guiamos casi dos horas, nos detuvo la policía por unos minutos (sí eso pasó), y durante todo el camino hicimos las paces con la lluvia porque sabíamos que nos acompañaría durante gran parte del día.
Llegamos al parking a eso de las 8:00 am de un sábado y tuvimos la fortuna de encontrar espacio. Eso nos tenía preocupados porque normalmente a esta hora la mayoría de estos lugares están llenos a capacidad y no encuentras donde estacionarte, así que WIN. Nos bajamos, nos pusimos los bultos.
En esta ocasión nos acompañó Lynda, una orocoveña igual que nosotros que conocimos aquí haciendo senderismo a través de otra orocoveña. Ella fue una de las chicas con las que caminé Maple Pass, que ha sido hasta ahora el sendero más memorable, el de más elevación que he caminado hasta ahora, con las vistas más impresionantes que mis ojos han visto y como plus a esta experiencia hasta vimos auroras boreales en la noche que estuvimos allá.
Pero volviendo a Lake Twenty Two…
La verdad es que pensé que iba a ser más retante porque hacía tiempo que no caminaba de esta manera, además, como te mencioné había atravesado un reto de salud, pero realmente me sorprendí de lo que mi cuerpo pudo lograr y de cómo me sentí en todo momento.
Este sendero tiene lugares bien especiales en todo momento: puentes, cascadas, árboles caídos y vistas bien bonitas. La lluvia hizo el proceso algo retante porque caminar con capa de lluvia y abrigo se siente incómodo, pero aún así llegamos al lago. No puedo explicarle lo la sensación que se experiments en ese instante donde logras ver esta inmensidad de lago azul turquesa, la nieve acabada de caer como si fuera azúcar blanca en la punta de las montañas, los pinos, el reflejo de las montañas en el lago, pero sobre todo la tranquilidad que regala ese espacio. Es bien difícil describir esta experiencia, es necesario vivirse.
Aprovechamos para comer en este lugar, admirar el escenario que Dios nos regaló y que nos permitió experimentar. No me canso de agradecer por esto. Tomamos fotos, vimos como caía la lluvia en el lago y contemplamos el efecto que esta creaba en la superficie del agua.
Luego bajamos, compartimos risas y aprovechamos para comer juntos.
Fue un día lindo como siempre, viendo las ganancias, porque son tantas…
Cada momento dentro de la montaña me regala demasiado y reafirma que es lo que quiero seguir haciendo por el resto de mis días.






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