Cannon Beach; es surreal

Hace mucho he decidido vivir explorando y sintiendo cada maravilla que el mundo nos regala. Las experiencias vividas en los últimos años me han confrontado mostrándome que la vida es una experiencia fugaz y que debemos ir tras eso a lo que nuestra alma nos llama, la mía siempre grita «cambiar, crear y explorar«, constantemente.

En mi caso no se trata de explorar porque sí, o porque sea un lugar mainstream, puede que lo sea o puede que no, hay lugares mainstream que me interesa visitar y otros para nada. Lo importante para mí es sentir esa conexión profunda que me hace desear llegar para ver, sentir, conocer, oler, probar y disfrutar de ese espacio. Necesito llevarme algo más que fotos, algo que mueva mi interior.

Una vez me lanzo a trazar el plan para llegar al lugar que deseo, comienzo a imaginarme cómo será en realidad, qué eventos lograré presenciar, a quiénes conoceré y qué aprendizajes traeré conmigo. Si algo puedo asegurarte es que nunca vuelves de un lugar igual a como llegaste.

La vida siempre me sorprende, esta vez en medio de la neblina, un océano inmenso y una belleza sacada de una película. Cannon Beach, en Oregon, es un lugar surreal en este mundo. Estar aquí me llevó a recordar varias escenas de la película The Pirates of the Caribbean. Se siente su energía llena de misterio y encanto a la vez.

Recorrimos un camino de casi 4 horas para llegar. Hicimos tres paradas para comer, para estirarnos y apreciar el paisaje. Es mi primera vez viajando por tantas horas, cruzando de un estado a otro, me preparé con todo para hacer de este camino uno agradable. Aún siento la emoción al cruzar el Columbia River, no la puedo ni explicar, fue como entrar a una nueva dimensión.

Inmediatamente cruzamos este puente hicimos una parada y desde aquí pudimos apreciar dos volcanes, ambos cubiertos por nieve: Mt. Reinier (WA), que no se aprecia en la foto por lo lejos que estaba y Mt. St. Helens. Ambos se veían justo detrás del puente y de todas las montañas. Mis ojos andaban gozando con tanta belleza, era un WOW! todo el tiempo.

Este viaje fue una confirmación de algo que quiero hacer en unos años junto a mis compañeros de aventuras, confío que la Divinidad nos lo permitirá.

Entramos a Oregon, y comenzamos a admirar sus campos interminables a la vista, pocas casas, unas remotas a otras, cuerpos de agua y muchas Águilas Calvas, pareciera que todas están en ese lugar. Seguimos nuestro viaje pasando por Astoria y Seaside, lugares merecen que volvamos para visitarles unos cuantos días.

Hoy recuerdo entre risas, que estando de paso por Astoria, entramos en carro a un puente con tablas de madera. Las tablas emitían un sonido al moverse que me causaba escalofríos y debajo había agua. Sentí un miedo profundo en ese momento imaginando lo que podía suceder. La mente y sus juegos, pero la cara de Ariel era de «esto está divertido y relájate Betsy», así que seguí fluyendo.

Luego de una parada para comprar el cafecito de la tarde y un croissant para Irael, llegamos a Ecola State Park y nos dejó sin aliento. La vista no tiene forma de ser contada, debe ser vivida.

El camino para llegar a esta área te deja sin palabras. Pinos gigantes con sus troncos llenos de musgo y carreteras angostas con curvas empinadas desde las cuales puedes ir admirando la belleza del océano. Crear estas memorias junto a mi hijo es algo que atesoro en lo más profundo de mi corazón.

Ya estando en el punto más alto de esta montaña puedes ver varias escenas. A tu izquierda encuentras toda la costa llena de piedras gigantes, incluyendo el Haystack Rock, una de las más visitadas en Cannon Beach. También, puedes seguir los caminos llenos de Mariquitas (Ladybugs) que te llevan directo a conocer el gran Tillamook Rock Lighthouse. Un faro en medio del océano, imponente, cuenta su historia de solo mirarlo.

Entre paisajes y vistas creamos un espacio para hacer actividades físicas con Irael, así que decidimos regresar a Seaside para complacer su petición de hacer el «Aerial Challenge Course» en High Life Adventure Park. Fue una aventura súper divertida.

Siempre en los viajes, ya sean cortos o largos, buscamos intercalar actividades que complazcan a todos. Con el pasar de los años y las experiencias hemos identificado que esto es bien importante para mantener la armonía durante el viaje.

Y al fin llegamos al hospedaje, un lugar lleno de paz. El recibimiento fue súper amable. En el patio podías ver a los conejos salvajes jugando y unas aves de color azul difíciles de ignorar. Dejamos nuestras cosas y decidimos ir a conocer Downtown Cannon Beach, un lugar con mucho que ofrecer.

Desde como luce la estética y arquitectura de la comunidad y el pueblo, hasta los ofrecimientos en gastronomía y arte son un deleite. Nuestros lugares gastronómicos favoritos fueron: Crepe Neptune , Suzy’s Scoops , Pizza a’fetta , Driftwood Restaurant & Lounge, Fultano’s Cannon Beach Pizza. Tengo un hijo de 11 años, así que ya saben porque catamos tanta pizza y mantecado.

Visitamos muchas tiendas hermosas de arte y creatividad, pero estas dos fueron mis favoritas: Child’s Play, Images of the West by Randall J Hodges.

En Child’s Play fue donde compré la casita DYI que estuve montando por cerca de dos meses. En mi cuenta de Instagram compartí en los highlights parte del proceso de montaje y en un post el resultado final.

Suzy’s Scoops

Al día siguiente nos fuimos temprano a visitar el Haystack Rock, uno de los lugares más populares en Cannon Beach. Esta piedra de basalto, belleza natural creada hace millones de años por flujos de lava volcánica, tiene una altura de 235 pies. Es un ícono en esta área y no es para menos, es la tercera más grande del mundo de este tipo, a mí me llegó al alma la energía que transmite este lugar. Y la confirmación de que es una piedra poderosa, es ver las diversas especies de aves que habitan en ella, aves que jamás mis ojos habían visto.

Pero eso no se queda ahí, este día Cannon Beach nos regaló bailes de arena y todo el movimiento del Océano Pacífico, ambos eventos me recordaban que toda belleza radica en la diferencia. Vengo de vivir en el Océano Atlántico, específicamente en el Mar Caribe, no hay comparación, ambos distintos, con riquezas particulares, ambos majestuosos. Cada uno brindando su historia única.

Ya en nuestro último día el sol hizo su entrada y nos fuimos directo a disfrutar de la playa de una forma distinta. El oleaje era poderoso, meternos no era posible, pero sí era posible estar, tocar, oler, ver y seguir admirando su fuerza infinita. Conocer otros lugares te ofrece la oportunidad de admirar las cosas desde una perspectiva distinta.

Durante este día nos saludaron unas cuantas Agua Vivas, salían y entraban al mar como si jugaran un ratito con la arena y las olas las regresaran a buscar. El mar nos trajo hojas, semillas y hasta plumas. Irael se sumergió en la experiencia y nosotros con él.

Así regresamos a casa, con varias lecciones integradas, reconociendo que nada impresionante en este mundo se ha creado en la inercia, toda esta belleza alguna vez tuvo su proceso oscuro, difícil, fuerte, de mucho movimiento, pero hoy lo admiramos y lo agradecemos.

Gracias por vivir este viaje con nosotros a través de estas letras, nos leemos en el próximo.

Un fuerte abrazo para ti;

Betsy✨

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